La inmortalidad de la idea

El arquitecto trasciende su tiempo a través de su obra, sea ésta urbana o arquitectónica; porque el quehacer del arquitecto se gesta en ideas y conceptos, los cuales permanecen formando así la cultura de los pueblos, y más tarde su propia historia; y finalmente para eternas memorias.

El legado que la arquitectura muestra en cada uno de los pueblos nos da cuenta de su avance tecnológico, pero también de infinidad de enigmas sin descifrar; pues aun hoy, no dejan de impresionarnos. Obras magnas, soberbias e imponentes, las cuales son ejemplo de arquitectos cuyas ideas y conceptos se han perpetuado, alcanzando así la inmortalidad.

Para lo cual, han echado mano del ingenio y la creatividad, aptitudes que pueden ser obtenidas mediante la ejercitación del pensamiento día a día, forjando mentes ágiles y observadoras. Razón por la cual ningún perezoso ha de ser arquitecto, y menos de su propio destino. El quehacer arquitectónico se disfruta, desde el surgimiento de la idea al bosquejarla, enriqueciéndola hasta formar el proyecto, y más adelante observando su ejecución; y que mejor paga que al mirar el rostro de quienes se solazan al mirarla.

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