¿Cuál es tu concepto?

La primera pregunta del maestro al discípulo y que lo tambalea es: ¿Cuál es tu concepto?

Porque el concepto es el sustento sobre el que descansa la idea generadora del proyecto arquitectónico y urbano. Y no es cualquier idea u ocurrencia que haya venido en un momento de locura. El concepto debe estar sustentado en los aspectos social, económico, cultural e histórico; y aún más, en las necesidades humanas. Y acaso… ¿con eso se ha cumplido? No, porque si así se hiciera arquitectura, solamente brotaría un proyecto acomodado por la fuerza en cualesquier lugar.

El arquitecto ha de considerar indefectiblemente el entorno natural y artificial, admirando la topografía del terreno, esas curvas (Dios mío), su configuración, el tipo de suelo, las restricciones naturales y legales, su vegetación, sus coordenadas, orientación, asoleamiento, lluvia y cuántas más. Y todo esto debe estar en la mente del arquitecto para hacer una amalgama que resista los embates de la crítica. Y solo al armonizar todo esto podemos encontrar el anhelado y escurridizo concepto.

A veces el discípulo se confunde y cree que el concepto es una simple forma, diciendo: Mi concepto es una guitarra, ó el ratón Micky, ó algún juguete. Craso error. El concepto trasciende la forma…Es trazo, color, textura, luz y sombra. El concepto es aquello que deseamos que el usuario perciba y sienta. Lo cual puede ser: Alegría, paz, sosiego, dinamismo, tranquilidad, gozo, recogimiento espiritual, acción, descanso, etc. Pero también se puede despertar algún deseo (comprar) ó apetito; asimismo, se le puede hacer sentir pequeño e insignificante o grande y majestuoso.

El concepto, solo lo entiende el arquitecto… como se puede ver en los “garabatos” realizados por el arquitecto
Francés Le Corbusier, para su obra de la capilla de Ronchamp.

Un concepto no es la ocurrencia de un deconstructivista para hacerse notar mediante un proyecto oneroso. Es producto de un intenso trabajo para hacer de la arquitectura un verdadero refugio para el cuerpo y para el alma.

El arquitecto es pues un ser integral, dominante de amplias áreas del conocimiento, lo que le permite sostener una mente ágil y creativa; muy lejos de quienes piensan que solo hacen “dibujitos”

Formar un concepto no es sencillo: Es trabajo mental para determinar la idea central del proyecto, luego de examinar todos y cada uno de los aspectos que se han mencionado. Eso es lo valioso, no el simple dibujo.

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